Desde hace 100 días a esta parte, pasando por los piquetes de la abundancia, el desabastecimiento, los cortes de ruta, que truco y retruco lo que siempre faltó es la tolerancia. Los argentinos nunca terminamos de aprender a construir democracia. Desde la democracia que educa y da de comer de Alfonsín, el voto chequera a Menem, el voto iluso a un cambio en la Alianza para luego voltearlo por debilidad, hasta el fuerte presidencialismo de Kirchner. ¿Que carajo es lo que queremos? Parece que no pudiéramos pararnos en un medio equilibrado. Unitarios vs federales, interior vs capital, campo vs gobierno, oligarquía vs populismo, es evidente que hay actitudes fascistoides de ambos lados. Y por el otro la anarquía de que cada uno hace lo que se da la gana en las rutas sin ningún tipo de contemplación. Hagámonos cargo que los argentinos no respetamos las leyes cuando se aplican a uno mismo. El gobierno peca de soberbio y es confrontativo pero la gente del campo no es la Familia Ingalls, no está sincerando sus números y su informalidad es alta.
Con el envío del proyecto de ley de las retenciones al Congreso, asoma un nuevo escenario, el del debate civilizado y la obligación de un consenso que la clase media ofuscada salió a pedir con sus cacerolas.
Aún falta mucho para estar bien en este país, habría que ver el tema de la renta financiera, la minería, el petroleo y su falta de inversión para descubir yacimientos, la pesca que es una actividad que se podría aprovechar mucho más para la enorme plataforma continental de que disponemos, todavía no entiendo porque es tan caro el pescado siendo que tenemos como 200 km de mar argentino.
